domingo, 23 de junio de 2013

La Salle en el Peru
I. HISTORIA

1. PRIMERAS FUNDACIONES


Los primeros Hermanos, luxemburgueses y franceses, llegaron al Perú procedentes de Ecuador, durante los meses de febrero y marzo del año 1922 por petición del presidente de la República Don Augusto B. Leguía. Durante estos primeros años los Hermanos del Perú dependían del Distrito de Ecuador. En nuestra patria fueron años marcados por un crecimiento de la conciencia política y fortalecimiento nacional. Se celebraba el primer centenario de la Independencia. El proceso político estuvo marcado por un sentimiento nacionalista que llevó al Tercer Militarismo. En ese ambiente los Hermanos iniciaron su labor educativa teniendo que sortear las dificultades de distancias, alturas y tiempos para mantener y realizar nuevas fundaciones. Entre ellas destacan el Colegio Seminario Santo Toribio (1922), Colegio La Salle (1926), ambos en Lima. En la ciudad de Arequipa, la Escuela Normal (1928), Colegio De La Salle (1931), Escuela Manuel Muñoz Najar (1933). Algunas de estas obras aún se mantienen.


2. DISTRITO PERÚ – BOLIVIA


La creación del Distrito Perú – Bolivia en el año 1939, da inicio a una segunda etapa caracterizada por la consolidación y el crecimiento de la obra lasallista. En esta etapa la Congregación de La Salle tuvo que ser lo suficientemente creativa para responder a las nuevas necesidades, donde los pobres van tomando el protagonismo. Es así que se fundaron las siguientes obras: Escuela de Pedagogía en Lima (1936), Hogar de menores en el Rímac (1938), Colegio San José – La Salle en el Cusco (1939), Escuela Normal Rural de Cajamarca (1942), Casa de Formación en Arequipa (1945), Colegio Técnico La Salle de San Jacinto en Ancash, Escuela Normal de Urubamba (1945) y la Escuela Normal de Abancay (1964). Cabe resaltar la importancia puesta desde entonces en la formación de los maestros.

Historia de la Salle - Página 3



3. DISTRITO DEL PERÚ

En estos años, la gran guerra y la posterior reconfiguración mundial, llevaron a una profunda renovación de la Iglesia que se expresó en el Concilio Vaticano II (1962-1965). El 39°Capítulo General de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de 1966-1967 fue la respuesta al momento eclesial que se vivió y el Documento de Medellín fue la respuesta dada por la Conferencia Episcopal Latinoamericana. Estos acontecimientos son el marco en el que se abre una nueva etapa determinada por la creación de los Distritos independientes de Perú y Bolivia.
Nuestro país en esta tercera etapa se caracteriza por acelerados cambios ideológicos, sociales, políticos y económicos. En este contexto, un sector importante de la Iglesia latinoamericana se vuelve hacia los pobres en los que descubre el rostro de Jesús. Algunas congregaciones dejan sus colegios para insertarse en ambientes populares. Es un tiempo duro para la Congregación por la disminución de sus miembros originada por las dificultades para adaptarse a las nuevas realidades, las tensiones entre maneras de ver el mundo y la vida religiosa, y el despertar del compromiso de los laicos en toda la Iglesia. En estos tiempos, la Providencia de Dios lleva a los Hermanos a dar respuestas de fe haciendo nuevas fundaciones como: La Escuela Normal de Tingua en Ancash (1970), apoyo pastoral a la Diócesis de Chulucanas en Piura (1970), el Colegio Nacional San Juan Bautista de La Salle en Arequipa (1977), la Casa de la Juventud en Arequipa (1984), el Colegio Fe y Alegría Nº 43 – La Salle, en Ventanilla - Callao (1991), la Misión de Requena (1998) y el Instituto Superior Pedagógico Loreto en Iquitos (2001), ONG Tarpusunchis (2004).


Desde la década del ochenta la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas se abre al ideal de comunión planteado por el Concilio e inicia un trabajo más coordinado y comprometido con los seglares con quienes comparte la tarea educativa. En este proceso, el Espíritu de Fe y Celo, que Juan Bautista legó a sus Hermanos, se comparte con aquellos que libremente quieren participar desde el corazón de la congregación con su estilo de enseñanza y de vida. Así, se inicia el gran movimiento de la Familia Lasallista con todos aquellos que comparten la espiritualidad, el carisma y la misión educativa lasallista.

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